INSTITUTO SAN IGNACIO DE LOYOLA

“NUEVA PERSONA - NUEVA SOCIEDAD”

     

SAN IGNACIO DE LOYOLA

“Persona con un estilo de vida ejemplar”

 

VALORES INSTITUCIONALES

Iñigo de Loyola nació en el año 1491 en Loyola, en las provincias Vascas de España, su vida transcurrió primero entre la corte real y la milicia. Creció en un ambiente noble y cultivado.

Iñigo durante muchos años vivió en una mansión donde se hizo hombre culto y letrado, le encantaba leer y escribir además de la música. Siempre fue un hombre de grandes virtudes naturales, recio y valiente,  noble y con gran ánimo que sabía compartir cuanto tenía.

Participó en grandes batallas; un día en una de ellas contra los franceses, Iñigo salió herido y tuvo que regresar a su casa en Loyola, mientras se recuperaba se dedicó a leer sobre la vida de Jesús y las historias de los santos, esto cambió su vida, se convirtió, mientras leía pensaba ¡qué bueno sería entregar la vida al servicio de Dios para vivir lleno de paz y profundo gozo!

Estudió Teología en Paris, donde conoció los primeros compañeros con los que había de fundar más tarde en Roma, la Compañía de Jesús, conocidos hoy como los Padres Jesuitas. Ejerció un fecundo apostolado con sus escritos y con la formación de discípulos que habían de trabajar intensamente por la reforma de la Iglesia. Murió en Roma en el año de 1556.

 

Valores que Identificaron su estilo de Vida:

Sencillez y Prudencia:

San Ignacio fue una persona conciente que dependía totalmente de Dios. Después de su conversión comprendió que la vida no estaba en poseer grandes bienes materiales, sino en tener el mayor don posible: Dios mismo, por eso se entregó de cuerpo y alma a hacer que la voluntad de Dios se realizará lo mejor posible en su vida. Nunca pretendió mayor cosa sino que todos amaran a Dios.

 

Liderazgo y Compromiso:

San Ignacio siempre se destacó en todo lo que hacía por su liderazgo y compromiso. En sus tiempos de militar, era uno de los primeros en entrar en combate, luchando con todo valor por la victoria; nunca dejaba a un compañero solo en el campo de batalla. Tras su conversión estas virtudes se trasladaron al campo de la fe; reconoció que cuando se sigue a Dios con fidelidad es necesario comprometerse a fondo y asumir un papel protagónico frente a los demás. Nunca se dejó derrotar por las adversidades, más aún, era el que infundía a los que estaban a su alrededor el valor y la esperanza para continuar en la propagación del Evangelio.

 

Servicio y Perseverancia:

Los tiempos en los que vivió San Ignacio, no eran ciertamente los más propicios para dedicarse a las cosas de Dios: Muchos hombres y mujeres se alejaban de Dios y de la Iglesia a causa de los errores que surgían en torno de la fe. Él percibió esta realidad y se dio cuenta que era necesario una acción que pudiera cambiar esta situación. Como hombre de Dios, decidió servir a la Iglesia combatiendo los errores y evangelizando nuevamente; por tal motivo, decidió fundar una nueva comunidad religiosa, que agrupara a las personas que decidieran seguir este nuevo rumbo. Así es como nace la Compañía de Jesús, que sirve a Dios y a la Iglesia. Ella fue fruto de la perseverancia de San Ignacio, ya que no fue fácil iniciar esta obra y mantenerla firme, pero gracias a la confianza que tenía en la providencia de Dios pudo seguir adelante.

 

Conversión y Trascendencia:

San Ignacio fue ante todo una persona que supo reconocer a tiempo que la vida que llevaba no era la más conforme a lo que Dios esperaba de él. Ciertamente llevaba una vida que todo el mundo envidiaría: era rico, tenía prestigio… Sin embargo, después de ser herido en una batalla y estando en recuperación se puso a leer, teniendo solo un libro sobre la vida de los santos, el cual le hizo comprender que en realidad no poseía nada, porque no tenía a Dios en su corazón. Desde este momento, decidió que estaría consagrado a Dios y a su servicio. Se dio cuenta que en la vida hay cosas mucho más importantes que lo material, el amor, el servicio, la fe, son virtudes que hacen que un hombre crezca realmente como persona, como hijo de Dios.  

 

Inquietud Intelectual y Apertura al Cambio:

San Ignacio como hombre de Dios, sabía que para combatir los errores contra la fe cristiana era necesario, además de la oración constante, una preparación adecuada en lo intelectual. Por esta razón él mismo se preparó con esmero y aconsejaba a sus compañeros que hicieran lo mismo, para que así pudieran dar razón de la fe a todo el que les pidiera cuentas sobre ella. Siempre fue un hombre estudioso, que analizaba muy bien los cambios que se producían en la sociedad de la que era parte, porque siempre tuvo la convicción que desde la fe cristiana era posible responder a las inquietudes y expectativas de los hombres de su tiempo.  Además nunca fue cerrado a los cambios, antes bien, los concebía como oportunidades para el mejoramiento de las acciones que él y la Compañía de Jesús realizaban.

 

Su lema fue ayudar a los demás, esto es realizar la obra de Dios en el mundo.

 

“Todo a mayor Honra y Gloria de Dios”

“Si otros pudieron, ¿por qué yo no?”